DOBLE TURNO
A veces algunas
mujeres, no sé qué tanto o mejor dicho, que poco, quisieran ser domesticadas,
no tener que arreglarse, ponerse tacones y salir a trabajar, pasar más de 12
horas lejos de su casa, de su cama, y sobre todo lejos de sus hijos. Ver como
éstos van creciendo y como van perdiéndose de casi todo el proceso.
Deben existir mujeres que quisieran estar fachosas,
tomándose un café a las 9 de la mañana aun sin cepillarse los dientes, y
disfrutando del silencio del silencio hogareño, sé que por ahí en algún sitio
hay mujeres, que dieran hasta lo que no tienen por esperar al esposo o a los
hijos con comida caliente y una sonrisa de bienvenida, y no tener que llegar
apartando el desorden y buscando a quien culpar por el mismo. Preguntarle a los
hijos, - cómo te fue en la escuela, mijito? En lugar de – a que hora llegaste?
No pudiste levantar el desorden? Y mientras reclama se convierte en la diosa
Hindú Lakshmi y con sus cuatro brazos se encarga de organizar, cocinar y
fregar, pero con ninguno abraza, no hay tiempo, debe ¨descansar¨ para su
segundo turno, o como creen que mantiene a dos hijos adolescentes contentos con
su ausencia? Debe pagar cuentas de smartphones, de tablets, de laptop, de TV,
de esas cosas que en esta ¨nueva era¨ han comenzado a sustituir a los abrazos y
el tiempo de mamás y papás.
Y ustedes dirán… y ésta mujer de las cavernas que quiere?
Que retrocedamos dos siglos atrás? Pues no, no quiero eso, en verdad no quiero
nada, yo soy feliz cuidando de mi hogar y de mi
familia, aunque nunca use tacones y viva sin estrés, solo quería
contarle la historia de esa mujer de dos trabajos de cero abrazos y cero
sonrisas, de esos hijos adictos a sus celulares y que exigen mas y ayudan
menos.

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