viernes, 31 de mayo de 2013


DOBLE TURNO  


 

 
A veces  algunas mujeres, no sé qué tanto o mejor dicho, que poco, quisieran ser domesticadas, no tener que arreglarse, ponerse tacones y salir a trabajar, pasar más de 12 horas lejos de su casa, de su cama, y sobre todo lejos de sus hijos. Ver como éstos van creciendo y como van perdiéndose de casi todo el proceso.
Deben existir mujeres que quisieran estar fachosas, tomándose un café a las 9 de la mañana aun sin cepillarse los dientes, y disfrutando del silencio del silencio hogareño, sé que por ahí en algún sitio hay mujeres, que dieran hasta lo que no tienen por esperar al esposo o a los hijos con comida caliente y una sonrisa de bienvenida, y no tener que llegar apartando el desorden y buscando a quien culpar por el mismo. Preguntarle a los hijos, - cómo te fue en la escuela, mijito? En lugar de – a que hora llegaste? No pudiste levantar el desorden? Y mientras reclama se convierte en la diosa Hindú Lakshmi y con sus cuatro brazos se encarga de organizar, cocinar y fregar, pero con ninguno abraza, no hay tiempo, debe ¨descansar¨ para su segundo turno, o como creen que mantiene a dos hijos adolescentes contentos con su ausencia? Debe pagar cuentas de smartphones, de tablets, de laptop, de TV, de esas cosas que en esta ¨nueva era¨ han comenzado a sustituir a los abrazos y el tiempo de mamás y papás.
Y ustedes dirán… y ésta mujer de las cavernas que quiere? Que retrocedamos dos siglos atrás? Pues no, no quiero eso, en verdad no quiero nada, yo soy feliz cuidando de mi hogar y de mi  familia, aunque nunca use tacones y viva sin estrés, solo quería contarle la historia de esa mujer de dos trabajos de cero abrazos y cero sonrisas, de esos hijos adictos a sus celulares y que exigen mas y ayudan menos.

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